Mucho antes del primer partido, la comunidad argentina en China ya estaba viviendo el Mundial. Lo que comenzó con la organización de las primeras juntadas terminó convirtiéndose en una verdadera celebración de nuestra identidad, con argentinos reunidos en distintas ciudades del país para acompañar a la Selección.
Durante todo el torneo hubo puntos de encuentro donde los hinchas argentinos encontraron un lugar para compartir cada partido, cada alegría y cada sufrimiento. En Shanghái, Cages fue uno de los grandes escenarios de esta historia, pero el mismo espíritu se vivió en muchos otros espacios organizados por hinchas chinos de argentina. Lo importante nunca fue el lugar; lo importante fue la gente.
Detrás de cada encuentro hubo un enorme trabajo de la Asociación de Argentinos en China, que convocó a la comunidad y estuvo siempre atenta para integrar a turistas, empresarios, estudiantes y argentinos que estaban de paso. Nadie tenía que vivir un partido de la Selección en soledad. Esa fue, quizás, una de las mayores victorias de este Mundial.
Y ocurrió algo que nos emocionó profundamente. Descubrimos, una vez más, el enorme cariño que el pueblo chino siente por Argentina. Durante estas semanas vimos a muchísimos chinos caminando por las calles con la camiseta argentina, alentando a Messi, hablando de nuestra Selección y celebrando nuestros triunfos con un entusiasmo que nos llenó de orgullo. Fue una demostración de afecto y respeto que difícilmente olvidemos.
Cada encuentro terminó siendo una verdadera fiesta argentina. La música sonando antes de los partidos, las banderas, los cánticos, las familias, los chicos, los abrazos, las cábalas y las interminables conversaciones de fútbol hicieron que, por unas horas, Shanghái y tantas otras ciudades de China parecieran un pedacito de nuestra tierra.
Desde el debut frente a Jordania, pasando por Austria y Argelia en la fase de grupos, luego Cabo Verde, Egipto, Suiza, Inglaterra y la gran final frente a España, compartimos cada minuto como si estuviéramos en una tribuna de nuestro país.
Hubo partidos que fueron un verdadero paseo por el parque. Esos en los que la Selección desplegó toda su jerarquía y nos permitió disfrutar con tranquilidad. Pero también hubo noches que fueron una auténtica montaña rusa de emociones, encuentros que nos hicieron sufrir hasta el último segundo y que terminaron en abrazos interminables entre personas que, apenas unas semanas antes, ni siquiera se conocían.
Porque eso fue, quizás, lo más lindo de este Mundial. No solo acompañamos a la Selección. También fortalecimos una comunidad. Conocimos personas, nacieron amistades que seguramente perdurarán en el tiempo y volvimos a comprobar que, cuando juega Argentina, las distancias desaparecen y cualquier rincón del mundo puede sentirse como nuestra casa.
La final nos dejó la tristeza lógica de quedar a un paso de la gloria. Nadie quiere perder una final del mundo. Duele, y va a doler durante mucho tiempo. Pero esa tristeza convive con un orgullo inmenso. Orgullo por un grupo de jugadores que volvió a dejar absolutamente todo dentro de la cancha y que representó a nuestro país con talento, humildad, compromiso y una entrega conmovedora.
No importa cómo termine escribiéndose la historia. Lo que Lionel Messi hizo por la Selección Argentina ya pertenece para siempre al patrimonio de nuestro deporte. Nos regaló alegrías inolvidables y nos enseñó que la verdadera grandeza también se construye con humildad, sacrificio y amor por la camiseta.
Este Mundial también dejó una enseñanza que trasciende al fútbol. En un momento en que el mundo parece cada vez más dividido, nosotros vivimos exactamente lo contrario: argentinos y chinos compartiendo una misma pasión, personas de distintas culturas celebrando juntas y una comunidad que demostró que el fútbol sigue siendo uno de los lenguajes universales más poderosos.
La copa esta vez no volvió a casa, pero nosotros nos llevamos algo que también vale muchísimo: nuevos amigos, recuerdos imborrables y la certeza de que la comunidad argentina en China está más unida que nunca.
¡Gracias al pueblo chino por el cariño hacia nuestro país y vamos Argentina!
Maximiliano Postigo
Director de Asistencia Comercial y Financiera
Asociación de Argentinos en China, AdeACh
